Bajo la mirada permanente del faro, maciza torre de catorce metros de altura, se despliega este encantador hotel de campo
situado en un privilegiado extremo de la Península Valdés, Patrimonio de la Humanidad. La calidez de este establecimiento, que incluye un hotel de 27 habitaciones, restaurant, pub y boutique, contrasta con el inmenso y agreste paisaje que lo rodea.
Es que Faro Punta Delgada se encuentra recostado precisamente en el límite donde la infinita estepa patagónica bordea, entre
acantilados y grutas, las aguas indomables del Atlántico Sur.
El paisaje, devastadoramente bello, no es sin embargo solitario: acompañan a los habitantes y visitantes todo el año los
elefantes marinos, además de típica fauna de la estepa patagónica como ñandú, maras, liebres, peludos, guanacos, y lechuzas, entre otros. Ni hablar de las aves marinas, delicia de los birdwatchers. Las actividades del lugar incluyen caminatas por la playa para observar elefantes y lobos marinos , cabalgatas guiadas por el campo y los acantilados, paseos en 4x4, visitas al faro cuya luz alerta a los barcos de las restingas aún hoy y desde 1905.
Semejante escenario provoca tanto salir a explorar la naturaleza como refugiarse en el romántico hotel, ambientado y equipado para sentirse cómodamente contenido en este remoto punto del fin del mundo.
El restaurant seduce con su cocina de corte casera, regional e internacional, cuya especialidad es el cordero patagónico al asador acompañado de excelentes vinos.
Completan el complejo una boutique y un pub, lugar de encuentro, ensoñación y víspera para las emocionantes jornadas que aguardan al visitante cada día.
Distancias:
Madryn: 170 km
Puerto Pirámides (avistaje de ballenas) 70 km
Punta Norte (Orcas) 100 km
COMENTARIO DEL PROPIETARIO (actualizado24/06/2008) "Nuestros pasajeros no sólo experimentan la emoción de ver las distintas expresiones naturales en su forma más libre, si no que también el lugar brinda una gran paz espiritual
Nuestros visitantes más preciados son los elefantes marinos, que nos acompañan todo el año en nuestras costas, para aparearse, dar a luz o simplemente descansar sobre la arena.
Por las noches... mientras observamos las estrellas, y la luz del faro recorre el mar y la estepa, lo único que rompe el silencio patagónico son los sonidos de llamados y riñas de los elefantes que están en la playa. Son momentos realmente únicos".